29 de enero de 2012

Sobre Frankenstein: la lectura de Antonella P. Martínez

      -Estoy dispuesto a razonar. Sé bien que la cólera que siento me perjudica más que me favorece. Pero tienes que saber que tú eres la causa de mi mal. Si alguien fuera capaz de sentir piedad  por mi desgraciada existencia, con mayores bondades devolvería yo el favor. Si hubiera una entre tantas personas que habitan en el mundo, que  me otorgara esa bondad, yo sería capaz de hacer las paces con  la humanidad entera. Pero parece que mi sueño no puede hacerse realidad. Por tanto, creo que la propuesta que le hago no carece de lógica y no creo que le cueste tanto esfuerzo devolverme algo de gratitud. Quiero una criatura de sexo femenino tan horrible como yo. Creo que es lo menos que puedo pedir, y con tan poca cosa, bastará para satisfacerme. Es verdad que seremos dos monstruos, dos criaturas diferentes al resto de la humanidad, pero es esa característica precisamente, lo que constituirá el lazo que nos unirá. Nuestras vidas no serán tal vez tan felices como las de otro ser normal, pero te aseguro que tendremos una convivencia inofensiva, muy lejos del padecimiento que hoy por hoy no deja de atormentarme día a día. Únicamente tú, mi creador, puedes complacer tu deseo, que no es otra cosa que liberar tu conciencia, del horror que tú mismo has creado. Es realmente, lo único que te podría agradecer. ¡Haz que algún ser vivo me quiera! Es el único favor que te pido.

      SHELLEY, Mary, Frankesntein o el moderno Prometeo, Ediciones Rueda, Madrid, 2003, pág. 114.

22 de enero de 2012

Sobre Frankenstein: la lectura de Beatriz Gómez

     
      -¡Serenaos! Os ruego me escuchéis antes de dar rienda suelta a vuestro odio. ¿Acaso no he sufrido bastante que buscáis aumentar mi miseria? Amo la vida, aunque solo sea una sucesión de angustias, y la defenderé. Recordad: me habéis hecho más fuerte que vos; mi estatura es superior y mis miembros más vigorosos. Pero no me dejaré arrastrar a la lucha contra vos, soy vuestra obra, y seré dócil y sumiso para con mi rey y señor, pues lo soy por ley natural. Pero debéis asumir vuestros deberes, los cuales me adeudáis. Oh Frankenstein, no seáis ecuánime con todos los demás y os ensañéis solo conmigo, que soy el que mas merece  vuestra justicia y afecto. Recordad que soy vuestra criatura. Debía ser vuestro Adán, pero soy más bien el ángel caído a quien negáis toda dicha. Doquiera que mire, veo felicidad  de la cual solo yo estoy irrevocablemente excluido. Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad, y volveré a ser virtuoso.

SHELLEY, Mary,  Frankesnstein o el moderno Prometeo, Cátedra, Letras Universales, Madrid, 2006, pág. 217.

Sobre Frankenstein: la lectura de Laura Lago

      En aquel instante se abrió la puerta de la casa, y entraron Félix, Safie y Agatha. ¿Quién podría describir su horror y desesperación al verme? Agatha perdió el conocimiento, y Safie, demasiado impresionada para poder auxiliar a su amiga, salió de la casa corriendo. Félix se abalanzó sobre mí, y con una fuerza sobrenatural me arrancó del lado de su padre, cuyas rodillas yo abrazaba. Loco de ira, me arrojó al suelo y me azotó violentamente con un palo. Podía haberlo destrozado miembro a miembro con la misma facilidad que el león despedaza al antílope. Pero el corazón seme encogió con una terrible amargura y me contuve. Vi cómo Félix se disponía a golpearme de nuevo, cuando, vencido por el dolor y la angustia, abandoné la casa y, al amparo de la confusión general, entré en el cobertizo sin que me vieran.

SHELLEY, M., Frankenstein o El moderno Prometeo, Ediciones Cátedra, Letras Universales, Madrid, 2009.

Sobre Frankenstein: la lectura de Borja Novoa


-¿Por qué cada hombre -exclamó- ha de tener una esposa para su lecho, y cada bestia una compañera, y tengo yo que vivir en soledad? Yo tuve sentimientos de afecto, y fueron correspondidos con el odio y el desprecio. ¡Tú podrás odiarme, hombre, pero ten cuidado! Pasarás tus horas sumido en el terror y la desdicha; y no tardará en caer el rayo que ha de arrebatarte para siempre la felicidad. ¿Pretendes ser dichoso, mientras yo me arrastro en la intensidad de mi desventura? Podrás aplastar mis otras pasiones, pero me queda aún la venganza... ¡la venganza, en adelante, será para mí más querida que la luz y el alimento! Puede que yo muera; pero antes, tú, mi tirano y verdugo, maldecirás el sol que alumbra tu miseria. Ten cuidado; porque soy atrevido, y por tanto poderoso. Vigilaré con la astucia de una serpiente, a fin de morder con su veneno. Te arrepentirás de las injurias que me infliges.

SHELLEY, Mary, Frankenstein o el moderno Prometeo, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 206

9 de enero de 2012

Sobre Frankenstein

      Frankenstein o El moderno Prometeo es la primera novela de Mary Shelley. Publicada en 1818,  contiene muchos de los rasgos que caracterizan la versión inglesa del Romanticismo, pero también es un compendio de los valores  que constituían el marco de referencia ético e intelectual de su autora. Algunos formaban parte de la herencia  de Willian Godwin, su polémico padre, y Mary Wollstonecraft, la madre que no había podido conocer y de quien siempre se sintió testamentaria. Otros fueron surgiendo entre las páginas de los libros que había leído con ansia y cierto desorden durante su infancia y adolescencia. Esos principios se suman a una experiencia vital -aunque breve- muy intensa, a la influencia de su marido (el poeta Percy Shelley), a la del círculo de amistades que compartió con él,  y  se combinan con una  infrecuente capacidad fabuladora para generar un producto que sigue encandilando a los lectores del siglo XXI.

19 de noviembre de 2011

Por qué leer


"Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola."
 (Discurso del Nobel,  7 de diciembre de 2010)
Mario Vargas Llosa